En la mayoría de los accidentes relacionados con montacargas, el problema no es la falta de equipo ni la ausencia de normas. El verdadero riesgo está en la normalización de errores operativos: prácticas incorrectas que, por repetirse todos los días sin consecuencias inmediatas, terminan aceptándose como “parte del trabajo”.
Este fenómeno es común en centros de trabajo donde la capacitación se percibe como un trámite y no como un proceso continuo de prevención. Cuando un error no se corrige, se vuelve costumbre; cuando se vuelve costumbre, se convierte en riesgo.
Uno de los errores más frecuentes es operar sin capacitación real. Muchas empresas cumplen con impartir un curso, pero no aseguran que el operador haya desarrollado las habilidades necesarias para enfrentar situaciones reales de operación. La falta de entrenamiento práctico provoca decisiones incorrectas frente a cargas, espacios reducidos o maniobras críticas.
Otro error normalizado es no realizar la inspección previa del montacargas. Frenos, llantas, horquillas, sistemas hidráulicos y dispositivos de seguridad deben revisarse antes de cada turno. Omitir esta inspección transforma fallas menores en condiciones peligrosas que pueden derivar en accidentes graves.
También es común exceder la capacidad de carga del equipo. Este error suele justificarse por la presión operativa o el desconocimiento de la placa de capacidad. Sin embargo, una carga mal calculada compromete la estabilidad del montacargas y aumenta considerablemente el riesgo de vuelcos.
La conducción a exceso de velocidad es otro hábito normalizado. Giros bruscos, frenados repentinos y maniobras improvisadas son señales claras de una operación sin criterios de seguridad bien definidos.
Finalmente, no utilizar el equipo de protección personal adecuado sigue siendo una práctica frecuente. La ausencia de casco, chaleco, calzado de seguridad o cinturón incrementa la severidad de las lesiones cuando ocurre un incidente que pudo haberse evitado.
Todos estos errores tienen un punto en común: no son fortuitos. Son consecuencia de decisiones operativas, de procesos de capacitación incompletos y de una cultura que permite que el riesgo se vuelva invisible.
Identificar y corregir estos errores es el primer paso para reducir accidentes, proteger a las personas y evitar sanciones. La seguridad en la operación de montacargas no debe depender de la experiencia informal, sino de una capacitación efectiva, entrenamiento práctico y supervisión constante.
Porque la seguridad no es un trámite.
Es una decisión que se toma todos los días.

